¿Cómo detectar y prevenir el abuso sexual infantil?
En una charla organizada por la Iglesia Betel de Río Primero, la maestra y autora del libro “El que se calla, pierde”, Analia Castro, explicó cuales son los tipos, las consecuencias y cómo hablar con los más pequeños sobre las partes privadas y publicas del cuerpo.
El pasado 5 de junio, la Iglesia Betel organizó una charla sobre “El abuso infantil y su impacto en la vida” con Analia Castro, maestra y autora del libro “El que se calla, pierde”, como disertante.



Definió el abuso sexual infantil (ASI) como un impacto devastador e incomparable, utilizando como metafora la pelicula Gladiador, donde un guerrero es apuñalado por la espalda por el emperador y luego llevado a pelear, sin que el público sepa de su herida.
Castro afirmó: “¿Saben que el abuso es muy parecido a eso?” y explicó que ese niño tiene que crecer, ir a la escuela, a sus actividades, vestirse, salir a la vida y nadie sabe que tiene ese puñal clavado.
Agregó que año a año, dando charlas, se encuentra “gente herida”: “La cantidad de personas que están en la vida atendiendo en un consultorio, siendo maestros, empleados municipales, ama de casa, y tienen esta herida, es enorme la cantidad”.
En ese sentido, admitió que no es fácil hablar del tema y que muchas veces quien fue herido quiere olvidar.
“Pero el tiempo no cura absolutamente nada” dijo y añadió que, como si fuese una herida física, “va tomando todos los tejidos”.
Diferencio el abuso infantil de situaciones como tener padres estrictos o disciplinarios. Explicó que en esos casos, uno puede llegar a ver con benevolencia y entender a esos adultos pero con el ASI, a medida que pasa el tiempo, la persona lo ve con ojos de adulto y el dolor es más grande.
En la misma linea, expuso que el abuso sexual infantil tiene proporciones epidémicas y que cualquier escenario, no solo fisico, puede ser escenario de dicho maltrato y afecta a todos los estratos sociales, económicos, académicos y geográficos (ocurre desde barrios vulnerables hasta en la realeza).
Castro remarcó que es importante tener dimensión del impacto y poder de daño que tiene el ASI para poder tomar conciencia, usar el ojo y saber que no tendría que estar en discusión tener una charla con los más pequeños: “Porque donde esto los toque, los marca para siempre”, dijo.
¿Qué cosas están presentes en un abuso?
La autora explicó que es fundamental saber qué elementos estan presentes en un abuso sexual infantil y diferenciarlo de un juego.
Afirmó que siempre en un abuso hay dos elementos: uno es la coerción y otro es la simetría.
- Coerción: tiene que ver con que siempre hay un plan para engañar al menor (juegos, cuentos, promesas). La mayoría de los abusos no dejan marcas físicas porque el agresor no necesita la fuerza, sino la manipulación psicológica.
Por más que parezca un juego, donde el menor ríe y pide jugar, sigue siendo un abuso porque el niño no es consciente por la edad que tiene de que está siendo abusado.
Agregó que, como la mayoría de los casos es de círculo cercano, entonces es muy fácil engañar a un chico y es muy fácil que permanezca en la trampa porque cualquier amenaza la va a creer.
- Simetría: el niño al ser pequeño, no solo por altura y fuerza sino por mentalidad, no tiene la capacidad mental de detectar el engaño.
Además, explicó que generalmente el perpetrador necesita “sellar los labios” de la víctima diciéndole que le va a hacer daño a sus seres queridos. Estas son tomadas de forma literal por el menor, provocando que el niño calle para proteger a su familia.
Afirmó que toda esa presión no solo hace que el infante sea víctima de abuso, también puede provocar en muchos casos que ese abuso se pueda dilatar por años.
“El abusador siempre tiene un plan, espera el momento, engaña, abusa” dijo Castro y agregó: “El niño ¿por qué se queda callado? Porque el chico no quiere perder a su mamá, a sus hermanitos. Entonces, se inmola. No quiere decir nada”.
Tipos de abuso y cifras alarmantes
Castro explicó que tipo de contactos o interacciones entre un niño y un adulto que son abuso sexual.
Aclaró además: “La sexualidad adulta no debe estar vinculada con la niñez. Son cosas que siempre van a terminar siendo abuso porque el niño que todavía no está desarrollado no tiene que estar en contacto con la sexualidad adulta”.
- Abuso sin contacto físico: Exposición a pornografía, mostrar genitales, llamadas con contenido sexual, obligar a presenciar actos sexuales entre adultos (común en hacinamiento), utilizar al niño para la producción de material pornográfico.
- Abuso con contacto físico: Tocamientos o manoseos (el más frecuente) y violación.
También explicó que la gravedad final de la herida depende del contexto y el soporte de la víctima (si le creen, si habla en los primeros 6 meses): “Hay muchos factores que hacen que en realidad dependa más de la víctima y del contexto que del abuso propiamente”, dijo sobre las consecuencias y el salir adelante luego de esas situaciones.
Sobre las cifras, contó sobre una encuesta donde a un grupo de más de 2.000 jóvenes se les preguntó lo siguiente:
- ¿Viviste una experiencia sexualmente negativa? Casi el 40% respondió sí, siendo dos terceras partes mujeres y el restante varones.
- ¿Quiénes fueron los abusadores? ¿Familiares, conocidos o vecinos? El círculo íntimo: tíos, primos, hermanos, padres, padrastros, abuelos.
- ¿Qué edad tenías cuando ocurrió el abuso? Menos de 12 años, siendo la edad promedio los 8 años.
- ¿Contaste tu experiencia de abuso? La mayoría respondió que sí. Sin embargo, afirmaron que la mayoría tampoco recibió ayuda.
En ese marco, Castro preguntó a los presentes: “¿Cuándo tenemos que empezar a hablar con los chicos con palabras sencillas?” y respondió que desde pequeños tienen que acostumbrarse a poner límites y a saber lo que es privado del cuerpo.
Indicadores de una situación de abuso
Castro explicó las siguientes señales de un posible abuso sexual:
- Corto plazo o niñez: Cambios drásticos de humor, hiperactividad repentina, aislamiento, enuresis (volver a hacer pis en la cama a los 7-8 años), pesadillas o hipervigilancia al dormir, agresividad y dolores físicos recurrentes sin causa médica.
También alteraciones de la sexualidad (abuso reactivo) con conductas muy erotizadas para la edad, masturbación compulsiva, vocabulario inapropiado. Aproximadamente la mitad de las víctimas replica o repite actos con otros niños.
- Mediano plazo o adolescencia: Autolesiones (cortes como anestesia emocional), huidas del hogar (generalmente porque viven con el agresor), intentos de suicidio, trastornos alimentarios (bulimia/anorexia), adormecimiento emocional.
- Largo plazo o adultez: Dolores crónicos, disfunciones sexuales severas (desde la aversión total al sexo hasta la promiscuidad inestable), trastornos en la alimentación, problemas mentales, secretos guardados por más de 50 años por vergüenza y crisis matrimoniales.
Castro hizo hincapié en la gravedad e impacto del ASI y que, si no hacemos algo por los niños y jóvenes hoy en día “vamos a tener una futura sociedad de gente lastimada”.
También quitarse el miedo de hablar con los pequeños por el desconocimiento y el “me da cosita”.
“Sepa que al abusador no le va a dar cosa. Y a mis papás y queridas familias quiero decirles con todo el corazón, lo que los chicos no aprendan por las buenas en este tema, lo van a aprender por las malas” sostuvo la maestra.
Expuso tambien que los niños, en este mundo altamente erotizado, pueden concoer indebidamente del tema por un chiste en la radio, un programa de TV, el streaming, una canción, una serie.
“Pensar que si yo no le hablo en la casa, el chico no va a saber, olvídese. Excepto que le pongamos una burbuja y le mandemos a Marte” dijo y agregó: “Siempre es mejor aprender con la mamá al calor del hogar y cosas básicas. Los niños son seres humanos en desarrollo”.
El “ABC” desde el Hogar
Para darles información a los infantes, sin asustarlos pero sin dejarlos desprotegidos, Castro afirmó que hay que darles a los niños conceptos básicos para que sepan que el cuerpo tiene partes públicas y privadas.
Puso de ejemplo el cerrar la puerta al bañarse o preguntar qué zonas van cubiertas con una malla al ir a la pileta
Las definió como “pequeñas semillitas” que enseñan sobre la privacidad, sin utilizar lenguajes o imágenes explícitas.
También dio ejemplos de su libro, donde a través del cuento se rompe el hielo.
“El que se calla, pierde” tiene actividades para hacer en familia y explicó que si bien es recomendado para niños entre 7 y 9 años, se pueden utilizar para enseñar desde la temprana edad.
Enfatizó que la prevención debe comenzar desde la primera infancia y destacó la efectividad de los cuentos infantiles ilustrados como herramientas de protección.
Relató el caso de un niño de apenas tres años que, a través de las imágenes del libro, logró comprender conceptos complejos como el consentimiento y el derecho a decir no.
Destacó que eso es quitarle al abusador su arma más poderosa, que es el secreto, y empoderar a los chicos enseñándoles la diferencia entre lo que es público y lo que debe permanecer privado.
También destacó el rol de los padres, en especial de la madre, al reaccionar con cuidado ante situaciones que cuenten los pequeños, ya que hacer escándalos, retarlos o alarmarse puede revictimizar al niño.
Otro consejo que dio fue el cómo preguntar y no solo decirles “vos contame todo”, porque a veces no saben cómo hacerlo, remarcando que es muy importante hablar, leer y jugar con los niños para que aprendan a expresarse.

